lunes, 15 de febrero de 2010

Deja Vu

Todavía faltan unos meses, no obstante cada vez que me pongo a pensar en ese bendito momento, no puedo evitar que comience mi ritual interno, lo primero que aparece son las palpitaciones y el aumento del ritmo cardíaco, le siguen dolor de estómago, ganas de orinar, retorcijones y finalmente tengo que largar todo y sentarme en el inodoro. Así lo vivo, así lo vive mi viejo y así lo vivirán los chicos porque es una herencia de sangre inevitable y contagiosa. La mayoría de los que conoce mi revolución gástrica me dice de todo y se burlan mucho. Supongo que también pensarán que pasar por esto es una tortura, en cambio yo, quisiera pasar por esto todo el tiempo, para mí, recorrer esas sensaciones del alma (y del intestino) es único, tan único como el hecho que las genera. Se viene otro Mundial, pero no es uno más, Diego vuelve a participar, esta vez es como técnico y el gran tema en todas las charlas futboleras del país es que como el asunto de la clasificación fue bastante fulero pareciera que se ha perdido algo, o más bien que no es el mismo espíritu que cuando Diego jugaba. Claro está que técnicamente nunca será lo mismo con Diego de la línea para afuera pero de ahí a creer que en el 86 teníamos un orden moral distinto y eran todas carmelitas descalzas a la orden de Monseñor Bilardo hay un largo camino que demuestra que no es así y que además tiene evidencias. Basta recordar el entuerto Passarella para darse cuenta que el ambiente no era el mejor. La única diferencia real que puedo ver, es que antes todo trascendió después del mundial y ahora antes, obviamente con Argentina campeón esos problemas nunca tomaron vuelo. Pero eso no es por algún manejo distinto desde adentro del plantel sino porque el desarrollo de los medios ahora está en todos lados. Otra muestra para no olvidar es Bilardo saliendo a decir a periodistas amigos que el gobierno lo quería voltear. O sea, el puterío es el mismo.
Este es un país que respira fútbol y es el país de Maradona, nos guste o no, nuestros cromosomas llevan el 10 en el ADN. El futbol es bocón y gastador, contradictorio, fanático, cabeza dura y caprichoso. El futbol es Maradoneano. Si salimos campeones, en cada rincón del país se abrazarán enemigos que juraron odiarse toda la vida, los detractores del 10 dirán: “nos fue bien gracias a los jugadores”. Somos así, odiamos a Verón, pedimos a Verón, odiamos al burro Palermo y después decimos que hay que llevarlo por cábala o porque siempre la clava con su clásica suerte. Ni con un millón de goles le vamos a reconocer a Martín que es un goleador como pocos en el mundo. Él nos llevó a Sudáfrica y ya nos olvidamos. Y si un gol suyo nos trae la copa? Hay como quisiera ver esas caras!!!!!!! Nosotros somos Maradoneanos, usted es Maradoneano.
A medida que nos acercamos al comienzo de la copa vamos consumiendo las clásicas propagandas de los mundiales. Los publicitas en un intento de que compremos cerveza o gaseosa nos pasan una y otra vez imágenes de nuestra gloria pasada. Ellos si nos conocen y nos urgetean el pecho con imágenes de aquel Diego y este Diego. Son como la religión, te buscan el punto débil y ahí te dan para que te ablandés y te sometas a su doctrina. Tienen la mayor de las suertes del futbol porque a ellos no los buscan después del mundial, nadie les pasa factura diciendo “y la propaganda? Te la metiste en el c… no?” En cambio el hincha está expuesto, apoyar a una u otra parte pone en juego el más alto honor en la batalla, quien se equivoque será fustigado y condenado al descrédito y el silencio, sus opiniones o pálpitos valdrán menos que un dólar rojo. Por eso es que no muchos se juegan, el precio de la humillación futbolística para un argentino es el peor de los castigos. Algunos hasta buscan coartadas y dejan el terreno armado por si pifian.
Más adelante y ya en la copa, nuestra genética opinóloga se lucirá y estará en su máxima expresión y cada uno de nosotros se sentirá experto y fundamentado para explicar una victoria o una derrota. Los detractores del 10 ante el mínimo tropiezo vociferarán a boca de jarro el clásico “que querés, la droga le quemó la cabeza…”. Los incondicionales, y ese es mi lado, esperarán su turno y no necesitarán más que tres toques seguidos para largar un “ahí esta papá, querían futbol, ahí lo tienen, critiquen ahora…”. Si usted es de los que está enojado con este estilo de juego y esta clasificación lo invito a un ejercicio; cierre los ojos, respire profundamente durante unos minutos, trate de poner la mente en blanco, relájese cuanto pueda y empiece un viaje en el tiempo, trasládese mentalmente a la misma butaca que en el 86, recuerde donde vio los partidos y cuáles fueron sus cábalas. Ya desde el primer partido sentimos que nos invadía un poquito de gloria, Diego estaba imparable y el resto lo acompañaba prolija y estrictamente como Bilardo quería. El primer gran grito fue el gol a los tanos, nuestros enemigos de los mundiales, al igual que en el 78, nos complicaban la clasificación en la zona, la historia se repetiría pero nosotros no teníamos idea. Diego con media lengua afuera la ponía en un lugar imposible, al otro día aún atónitos paramos en todos los puestos de revista en busca de gravar cada segundo de ese gol eternamente en nuestras retinas. Después vino lo de Inglaterra y el país entero gritó esos goles con la boca llena de venganza. Nuestro vengador y justiciero nos había devuelto un poco de orgullo y ahí estábamos, nos mirábamos unos a otros y pensábamos “ahí tienen ingleses de m.., ahí está, cómanse esta”. Ya nos sentíamos capaces de ganarle a cualquiera y tal nuestra fanfarrona costumbre nos agrandábamos y hasta queríamos que nos pongan a Brasil en el camino, gracias a dios eso no pasó. Paso a paso los triunfos se daban con naturalidad, solo había que esperar la pincelada de Diego y a disfrutar. Era gloriosamente previsible. Así nos encaminamos y llegamos a la final con Alemania. Teníamos tanta seguridad que cuando nos empataron el país enmudeció y pensamos que el fatídico destino económico y político que siempre nos toca vivir por estos pagos estaba a punto de trasladarse también al futbol. Imposible no pensar eso de “tenemos todo para ser los mejores pero nunca se nos da”. Diego hizo un giro magistral y una puñalada a la defensa alemana partiendo la cancha en dos para que Burru en una carrera que por mis palpitaciones debió tener al menos 500 metros “pegale Burru por dios!!!!!, pegale de una vez por todas…!!!!” y ahí fue la redonda a clavarse en el arco alemán. El grito me salió de adentro y hubiera querido tener 20 pulmones para gritarlo una semana seguida, se me infló el pecho, tenía palpitaciones y la garganta con carraspera, lo viví con el volumen bajo de la tele y escuchando a Víctor Hugo y de quien no fue sino hasta el otro día cuando repetían los relatos que pude saber como lo gritó. Los minutos que quedaban fueron millones y parecía que cada uno duraba lo que un partido entero. Somos campeones del mundo la puta madre!!!!. Al fin, cuanta gloria en las venas, cuantas lagrimas de desahogo. Compré todos los diarios que pude, me cansé de ver una y otra vez los festejos y las fotos. En un abrir y cerrar de ojos llegó el heroico 90 con un estoico Diego como no se había visto jamás. Con su gloria y su patriotismo en juego, jugó todo roto y debimos habernos vuelto después de Italia. Habiendo dejado afuera a Brasil y ajusticiando a los tanos ya estaba todo dicho. La final ya no tenía sentido. Le ganamos a uno de los brasiles más grandes de la historia. La definición de Cani no ocultó a los ojos del mundo la similitud con aquella de Burru. En menos metros pero casi de la misma manera con un pase de Diego a uno y otro. Después el grito de gol que contra Brasil vale mucho más que cualquier otro. “Ya está, volvamos, no quiero jugar la final” le dije a mi viejo después de ganarle a Italia. Es que esa era la máxima gloria deportiva por esos días. Dejar afuera a Brasil y a los que silbaron nuestro HIMNO, era infinitamente más de lo que todos habíamos soñado antes de empezar el mundial.
De eso se trata ahora también, a pocos meses de un nuevo desafío épico lo espero como nunca. Porque si usted presta atención a estas letras y hace el ejercicio que le pedí, se dará cuenta que de futbol nada. Está en juego la pasión, el honor, la patria, la alegría o la frustración de los próximos 4 años. Porque ganarle a los ingleses siempre es como recuperar un pedazo de Malvinas, porque dejar afuera a Brasil es dejarlos sin carnaval y ganarle al más grande, porque ganarle a Italia después del 90 se transformó en una vendetta argentina, porque llegar más lejos que Uruguay y Paraguay es demostrar que futbol latinoamericano es de Argentina, Brasil y nadie más, porque esta vez ganarle a Chile tendrá un extraño sabor pero por sobre toda las cosas demostrará que en la batalla somos mejores soldados aunque les prestemos un general. Porque el que lleva nuestra bandera la lleva mejor que nadie o cuanto menos como nadie aún supo llevarla y por él nos conocen en todo el mundo. Porque aunque no nos guste todos somos él y él tiene un poco de todos. Por eso le pido que si usted es de los detractores del 10, busque adentro de su alma, sincérese y deje de renegar, o me va a decir que no va a gritar los goles? o que si ganamos no va a festejar?. Si la cosa se complica en un primer tiempo, hay alguien mejor para decir que hacer?. Por lo menos le debe el orgullo que tantas veces le hizo sentir… Si su temor es que le digan veleta no se caliente, peor será ser falso y reprimir sus sentimientos porque algo es seguro, el 12 de Junio vas a estar frente a la caja boba con una bandera colgada en los hombros, un gorrito o alguna medallita y el pitazo del árbitro te disparará desde tu corazón a tu boca con puños apretados el clásico “vamos carajo…” y al verlo en el banco, hay hay hay, y al verlo en el banco le vas a rezar como hiciste miles de veces aunque estas vez quizás sea en silencio, no importa… “vamos Diego la puta madre, frotá la lámpara una vez más…”