jueves, 24 de junio de 2010

Mi amante

Tener un amante, además de un hecho atrevido e irrespetuoso, es francamente una experiencia adrenalínica. Quien decide tener una doble vida, decide vivir a límite todo el tiempo.
Con mi esposa tengo dos hijos, uno de 4 años y el otro con apenas un año recién cumplido. Con este núcleo familiar, les puedo asegurar que tener un amante es aún mas difícil. Aún así, no lo puedo evitar. Pienso en mi amante prácticamente las 24 horas del día, hasta sueño. Seguramente, muchos pensarán que debería elegir una u otra vida y sea cual fuera la que elija, vivirla a pleno. A ellos les digo que es imposible, amo a mi esposa y a mis hijos tanto como a mi amante. Mi vida sólo es completa con todos en el mismo juego. Habiendo asumido esto, lo único que puedo hacer, es convivir con las situaciones incómodas de la mejor manera y tratar que nadie salga lastimado. Lamentablemente, muchas veces me veo obligado a mentir.
Cuando pienso en mi amante, todo empieza con un hormigueo. Estoy tranquilo y de repente, mi cabeza se llena de esos momentos juntos y todo cambia, pierdo todo tipo de capacidad de análisis y solo quiero salir a su encuentro, no me importan los riesgos, no me importa nada. A veces, pasa que los Domingos a la hora de la siesta me da por un encuentro de esos imperdibles, así que si andamos de paseo me apuro en volver e invento cualquier escusa con tal de llegar a tiempo para poder gestar un encuentro con mi amor clandestino.
Debo confesar, que para poder encontrarnos, he recurrido a todo tipo de artilugios, he fingido dolores de panza, de cabeza y alguna vez hasta maté un familiar.
Mi amante incluso, está conmigo antes que mi esposa.
Pero hay una ocasión que recuerdo mas que ninguna. Una tarde de invierno, pocos meses antes de casarme, eran como las 7 de la tarde y llovía, finito pero llovía. Era una tarde especial para pasarlo con un amante. Aquel día, la que hoy es mi esposa, me esperaba para que la fuera a buscar a la facultad y de ahí, salir a cenar juntos. La tentación pudo mas que todo, alcanzó un llamado para largar todo y salir a su encuentro.
 -“esta todo listo, nos encontramos a la nueve, venis?”.
Me cambié y salí.
Mi novia, con quien ya vivíamos juntos, había agotado el crédito de su celular y con la poca plata que le quedaba, se tomó un café para intentar mitigar el frío que sentía. Total, habíamos acordado que yo pasaría a buscarla. Obviamente, al ver que yo no aparecía intentó llamarme por cobro revertido pero de mas esta decir, que cuando estoy con mi amante, no contesto el celular. Nadie lo hace. No le quedó otra que tomarse un taxi y pagarlo con la palta que tenía en casa. Llegó a casa y comprobó que no estaba: Me imagino que tenía una calentura enorme. Enseguida empezó a desconfiar, ella sabe que no soy de fiar así que no se dejó engañar. Es que varías veces casi me pesca infraganti. Muchas veces dudó de lo inoportuno de mis dolores y afecciones, y mas de una vez, me dijo que sospechaba que fueran fasos. Se dirigió a nuestro dormitorio, abrió el placard y buscó. Buscó y buscó. No estaban, siguió revolviendo todo y a medida que no aparecían se le transformaba la cara y una mezcla de enojo y decepción le ganaban el alma.
Finalmente, se sentó en la cama y se dio cuenta de todo. Faltaban los botines. Una vez mas, un irresistible partido de futbol me había poseído. Esta vez, no era en la tele sino para jugarlo con amigos. La llovizna y cancha de once iluminada hacían el encuentro perfecto, irresistible, de esos que te dejan una satisfacción incomparable. Que mal la pasé a la vuelta. Embarrado y muerto de frío me mandaron a dormir al living sin cenar. Pero que partidazo!!!!. Me acosté ya sabiendo como seguía la cosa, una semana de silencio, después una cena cara o un par de botas pagadas con mi tarjeta de crédito y a empezar de nuevo. En la semana se jugaba la final de la Champions League asi que ya tenía que ir inventando algo.